Solo una pausa en tu hablar, un silencio que interrumpí, diciéndote lo mucho que eres para mi, preferiste solo asentir con la mirada para que una lagrima no pida libertad. Y es cuando al fin comprendí, que ese largo beso significaba un adiós. Tus manos sobre las mías y esos pocos susurros al oído son los testigos de aquella escena de algún libro viejo que estaba en casa y nadie leyó.